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El Centinela La otra piedra Monumento granítico de raro aspecto, El Centinela ofrece una curiosidad geológica que ha logrado sobrevivir al protagonismo, la historia y la leyenda que dejó a su paso la mundialmente famosa Piedra Movediza. Así pues, esta piedra ubicada a 6 kilómetros del centro de la ciudad -en dirección sur- es un claro exponente de las rocas que adquieren por erosión una forma esferoide. Su núcleo se va descascarando progresivamente debido a la disposición de sus componentes que desaparecen por el arrastre producido por las aguas superficiales. LEYENDA La leyenda cuenta una historia plagada de romanticismo, en los primeros tiempos del Fuerte que dio origen a la ciudad. Según ésta, los soldados que se aventuraban a alejarse de la fortaleza habían traído la noticia que una extraña jovencita, de piel blanca y hermoso porte, desaparecía con habilidad cuando se apercibía de ser observada. Su nombre era Amaiké y se decía que era hija de un hombre, ciertamente curioso en su aspecto, que a su vez había nacido de la unión de un gran cacique y su cautiva extranjera. Los aborígenes respetaban a Amaiké como algo sagrado y los pobladores de los valles -susceptibles a la superstición- encontraban algo divino en aquella criatura misteriosa que pocas veces se alejaba de su choza, oculta entre rocas y el follaje. Desde lo alto de una colina rocosa, un joven indio, gigante y fuerte solía contemplar inmóvil, horas enteras, hasta que el sol se perdía en el horizonte, a la espera de esa maravillosa aparición de la muchacha. Al principio la miraba como a una diosa, encandilado y cauto a la distancia. Pero más adelante saltaba a su encuentro ganando de a poco, con su destreza y arrogancia, la confianza de Amaiké. El amor los iba atando firmemente y en sus lazos se entragaban con la ilusión de sus vidas en flor. Sin embargo, en la población del fuerte, la leyenda de la joven hizo que dos soldados fueran en su busca para congirmar a los parroquianos de un bodegón que eran capaces de capturarla. Y así lo hicieron. A pesar de defenderse con coraje y decisión Amaiké fue apresada y llevada rumbo al fuerte por sus rústicos captores. Amante de la libertad, en un último intento, Amaiké aprovechó un descuido e intentó una desesperada fuga, aún a costa de las ligaduras que mantenían sus manos atadas. En la impenetrable oscuridad de la noche, un chapalear del agua del profundo foso del fuerte hizo suponer que había caído a él, muriendo en su intento por huir. Su recuerdo no tardó en apagarse y su existencia fue atribuida sólo a la leyenda. Pero, en lo alto de la colina, por los días y los días, el atlético indio que aguardaba siguió firme en su mirador, con la esperanza ya vana, de volverla a ver. Su figura se hizo habitual para quienes dirigían la mirada hacia la colina. Su obstinada quietud, lo hacía semejar a una roca, desafiante a los vientos, las lluvias y los intrusos. No se sabe en qué momento, a raíz de qué milagro de su quietud eterna, llegó a convertirse en una verdadera piedra. Y hoy, desde lo alto de la sierra, como un misterioso vigía de la comarca, se yerge firme, arrogante y siempre con ese extraño desafío, la enorme mole denominada justamente "El Centinela". Cuando la sierra lo tiene todo El Parador El Centinela conjuga paisaje y servicios gastronómicos con caminatas recreativas y educativas. Lugar ideal para la salida familiar y para los amantes de la naturaleza, desde hace varios años ha ido sumando nuevas alternativas para los visitantes. El rancho de adobe, la cocina a leña, el horno de barro y el estilo rústico del salón pulpería. Más allá, el pinar y los frutales. De regreso, los productos regionales, el chocolate, las tortas o los asados del mediodía. El paisaje, la placita de juegos y los nuevos senderos rumbo a la milenaria piedra. No es lo único que forma parte de este lugar de ensueños que es el Parador El Centinela. También están la propia historia de este rincón tandilense y la de sus protagonistas. Uno de ellos es Luis Cerone quien, junto a su esposa Susana, pilotean este proyecto al que dieron nacimiento el 14 de noviembre de 1994. Un nuevo sendero permite llegar a la piedra mostrándola desde un ángulo que impacta. Es que en este lugar todo está pensado para sorprender y para ser apreciado. Caminatas recreativas entre el pinar, y otras de caracter educativo, con visitas a la granja y los frutales, pasando por las viejas canteras de arena, donde además se explica porqué Tandil pertenece a uno de los sistemas más antiguos del mundo, forman parte de una salida distinta. La combinación de la parrilla y el horno de barro El salón comedor del Parador El Centinela tiene una notable conjunción de elementos autóctonos donde se combinan la construcción y la ambientación de la misma, con el estilo de elaboración de las comidas. El rancho de adobe con techo de paja vizcachera, la parrilla y el horno de barro donde se cocinan papas, batatas, y zapallos con cáscara anticipan, de alguna manera, el menú. En éste está incluida la parrillada El Centinela que ofrece las variantes de chorizo y morcilla con papas al horno; falda deshuesada con batatas; asado de tira con calabazas, vacío y ensaladas.
Distancia aproximada desde la Ciudad: 5 Km. |
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