Fueron felices y comieron perdices

La nueva “onda” en Tandil es el desembarco de europeos para cazar perdices en nuestros campos y los de la zona. Cada vez son más y de a poco el fenómeno se va convirtiendo en una industria.

No importa la edad, tampoco el físico. Es una pasión que, contrariamente a lo que puede suponerse, tiene que ver con cierto encanto más que con la vitalidad. Así lo testimonia por ejemplo Anatole que tiene 79 años y se vino desde su lejana Francia a una ciudad que le dijeron se llamaba Tandil, en Argentina.

Y la descubrió. Vaya sí lo hizo. Él, como muchos europeos, especialmente franceses e italianos, componen el atractivo mosaico de la nueva «onda» tandilense, aunque en verdad extranjera: la caza de perdices y, en menor medida, liebres.

Que venga gente de otros países a cazar a la Argentina no es novedad pero en nuestra zona el movimiento se ha intensificado a punto tal que hay gente -verdaderos empresarios- que se dedican a organizar los viajes y les va muy bien. No sólo ofrecen alojamiento, preferentemente en cabañas, sino lugares para comer, diversión y hasta perros para ayudar al cazador a dar con su presa.

A pesar que los visitantes buscan contacto con la naturaleza, lo que les da tanto placer como embolsar perdices, no tienen inconvenientes en alojarse en pleno centro y es así que más de diez estuvieron en distintos hoteles del radio urbano.

Desde esos lugares salen entusiasmados para los campos, en cercanías de Rauch, Ayacucho, María Ignacia - Vela, Barker, Tandil y viven sus ansiadas vacaciones y practican su deporte preferido.

La cacería se completa con un rico asado y buen vino en el campo mientras los perros descansan para la entrada de la tarde. Por la noche viene la limpieza cuidadosa de las armas y después sí a frecuentar algún centro de diversión, whisky en las rocas de por medio. Así es la vida del europeo en estas tierras que por otros motivos le son muy extrañas pero que en materia de caza de perdices, no.

Algunos no es la primera vez que vienen y lo hacen todas las temporadas. Los asiáticos y los norteamericanos no se han quedado atrás: suelen venir equipados como si fueran a realizar un safari por suelo africano.

El fenómeno que empezó en otros lugares del país, especialmente vinculado a la caza mayor, se está transformando en una industria por estos lados. Pero otro tanto ocurre con las especies más buscadas de la caza menor, en esta zona: paloma, pato, avutarda, perdiz, liebre y vizcacha.

Los que entienden dicen que este año ha sido muy propicio para la reproducción de la perdiz, especialmente la roja que se puede cazar en las modalidades de ojeo, para grupos y también individualmente a la mano con perro de muestra (el preferido es el pointer). El precio por perdiz abatida oscila entre 26 y 36 euros, dependiendo de la finca que se elija, y si es campiña o sierra.

Por encima de cualquier número está la pasión por la caza que, en el caso de las perdices, se prolongará hasta fines de julio habiendo comenzado a principios de abril. Aquellos italianos o franceses o de donde sea que quieran venir a Tandil vayan sabiéndolo de antemano: las reservas hay que hacerlas con anticipación porque cada vez existe mayor demanda.

A la hora de la despedida, felices porque comieron perdices, no se olvidan de aclarar algunas precisiones sobre la perdiz en escabeche: para un total de seis como mínimo, no olvidar dos tazas de vino blanco, ni una gota menos. Eso sí, seco.

Escribe: Julio Varela.

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